La aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en este segundo mes de 2026 mantiene niveles altos, a pesar del enojo que pueda generar en los detractores del gobierno, dentro y fuera de los partidos políticos.
Con 69.2 % de respaldo nacional, el dato habla, por sí solo, de que la presidenta tiene una legitimidad política sólida, a pesar de la adversidad que enfrenta en la piel de Donald Trump, y las voces internas en el país que quieren imponer, al puro estilo del siglo XIX, un régimen conservador de derecha.
Cada vez se suman más analistas políticos que saben que Sheinbaum tiene apoyo popular, mediante una mayoría social que le ha permitido, le permite y, todo parece indiar que le seguirá permitiendo gobernar con margen, agenda y narrativa propia.
Ese nivel de popularidad no se explica únicamente por inercia electoral o comparación con gobiernos anteriores. En segundo plano aparece el trabajo social cotidiano del gobierno federal, visible y medible.
La política social no es aquí un eslogan, sino la entrega de tarjetas palpables y con dinero para las personas, reapertura de registros, pagos
calendarizados y atención directa a millones de personas, especialmetne grupos vulnerables que los gobiernos previos a 2018 ignoraron a la mala.
La entrega de Tarjetas Bienestar a adultos mayores y mujeres, la reapertura de módulos de registro con visitas domiciliarias y el calendario claro por apellido refuerzan la percepción de que el gobierno mexicano funciona. A ello se suma el primer pago del año de Sembrando Vida a 420 mil beneficiarios, con una inversión social de casi tres mil millones de pesos millones de pesos, y el acumulado de más de 10.7 millones de consultas del programa Salud Casa por Casa.
Ninguno de los datos dados hasta aquí es menor, ya que esos programas han demostrado orden administrativo, cobertura territorial y la continuidad de un derecho que llegó a la Constitución con Andrés Manuel López Obrador y que Claudia Sheinbaum Pardo consolidó para el bien de esa mayoría silenciosa, sin espacio en cámaras o televisoras, pero que se hace valer en las urnas.
Por lo tanto, los expertos tienen claro que la película que vemos es la de una presidenta popular y querida y, detrás de ella, una política social que sostiene ese respaldo. No es una popularidad vacía basada solo en el carisma o la moda, sino una respuesta natural a voltear a ver y atender las necesidades más elementales de los que, por décadas, fueron dejados de lado.