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Elmo Renista

CLAUDIA SHEINBAUM: EL DEPORTE Y LA CULTURA PARA REGENERAR LA VIDA PÚBLICA
En menos de 48 horas, la presidenta Claudia Sheinbaum dio forma a una forma de hacer política que va mucho más allá de una agenda de eventos públicos. Es una visión de que el Estado apuesta por la combinación de la cultura y el deporte como herramientas para generar la vida pública mexicana.



El domingo pasado, la presencia de la actriz nominada al Premio Óscar Salma Hayek en Palacio Nacional fue la cereza en el pastel del anuncio de incentivos fiscales para la industria cinematográfica, lo que fortalece la economía creativa, el turismo, la generación de empleo y el posicionamiento de México como un escenario para producciones internacionales.

La cultura, en este contexto, no se concibe solo como el arte, sino como motor económico y elemento de identidad nacional.

Apenas día después, esta lógica de trabajo se reforzó con el lanzamiento del programa “Boxeando por la Paz”, que va directamente aplicado al terreno social.



La iniciativa busca incorporar a miles de jóvenes al deporte mediante clases gratuitas impartidas por boxeadores profesionales, al tiempo que brinda empleo y seguridad social a los instructores. El objetivo es claro es, no parece haber duda, prevenir la violencia mediante disciplina, comunidad y oportunidades.

Ambos anuncios comparten el hilo conductor de linterés en reconstruir el tejido social desde lo cotidiano. Mientras el cine cuenta las grandes historias de México y fortalece el orgullo nacional, el deporte fomenta la pertenencia, la convivencia y hábitos saludables.

La coincidencia no es casual. Refleja una puesta de Claudia Sheinbaum para atender las causas estructurales de la violencia mediante políticas que combinan identidad, oportunidad económica y la participación de todas las personas en las actividades de la comunidad.

En un país con desigualdades marcadas, la apuesta por la cultura y el deporte se perfila como un intento deliberado de regenerar la vida pública desde sus bases más profundas.
LA HISTORIA DETRÁS DEL ATRINCHERAMIENTO DE MARX ARRIAGA EN LA SEP
El conflicto en la Secretaría de Educación Pública no es algo que haya estallado de la nada. Fueron meses en que los libros de texto de la Nueva Escuela Mexicana, dirigidos por Marx Arriaga, acumularon críticas por errores conceptuales, imprecisiones históricas y hasta una mano humana con seis dedos que especialistas y ciudadanos reprobaron por su falta de rigor.

Los morenistas saben que no es una conspiración contra Arriaga, sino un problema técnico ya que sus materiales educativos en lugar de fortalecer el aprendizaje, evidenciaban fallas que el sistema está obligado a corregir.



En ese contexto, la destitución de Arriaga el viernes 13 de febrero marcó un auténtico punto de inflexión. Su decisión de no querer dejar la oficina y llegar al grado de atrincherarse en su oficina se convirtió en un espectáculo político lamentable que le resta a la Cuarta Transformación y al obradorismo mismo.

Lo cierto es que resistirse físicamente a una determinación administrativa no muestra otra cosa que patología.

Por lo tanto, la llegada de Nadia López García representa algo distinto. Su perfil cultural apunta a una transición, pasando del discurso ideológico combativo hacia la necesidad de mejorar contenidos y reconstruir confianza. Esto, pues, no es un relevo menor, ya que simboliza un intento de reposicionar el proyecto educativo con mejores técnicas.



Nadie duda que detrás este movimiento está la señal política de Claudia Sheinbaum y Mario Delgado. La presidenta muestra tener claro que la reforma educativa no será rehén de las disputas internas.

Sheinbaum, con el relevo entre Nadia López y la salida de Marx Arriaga, le dice a los mexicanos que los libros de texto no son un campo de batalla ideológico, sino herramientas públicas que deben responder a un principio básico como garantizar la educación de calidad sin que los intereses personales se impongan.