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Día de Muertos en Tijuana: flores, recuerdos y tradiciones que mantienen viva la memoria
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Día de Muertos en Tijuana: flores, recuerdos y tradiciones que mantienen viva la memoria

En Tijuana, estas prácticas conviven con diferentes expresiones decorativas y religiosas.

TIJUANA..— A pocos días del Día de Muertos, los panteones municipales de Tijuana comienzan a reflejar las distintas formas en que las familias recuerdan a sus seres queridos: flores, plantas, imágenes religiosas, juguetes y objetos personales forman parte de las sepulturas, mientras comerciantes de la Zona Centro se preparan para una temporada de mayor demanda y visitantes acuden con anticipación para limpiar y arreglar las tumbas.

La conmemoración, que cada año reúne tradiciones familiares y expresiones culturales, también permite observar las historias personales que permanecen ligadas a los cementerios, desde quienes regresan para recordar a sus familiares hasta los trabajadores que se encargan de conservar estos espacios durante todo el año.

Flores, imágenes religiosas y objetos personales en las tumbas

En los panteones de Tijuana, las sepulturas muestran distintas maneras de mantener presente la memoria de quienes fallecieron. Entre los elementos que pueden observarse hay flores de temporada, plantas, figuras de San Judas Tadeo y de la Virgen de Guadalupe, así como decoraciones alusivas al otoño y Halloween.

En algunas tumbas infantiles destacan juguetes, carritos, pelotas e imágenes con motivos propios de la niñez. Estos objetos forman parte de las expresiones personales con las que las familias recuerdan a quienes fallecieron a temprana edad y conservan aspectos de la vida que compartieron con ellos.

Más allá de los adornos, las visitas permiten limpiar las lápidas, retirar maleza, acomodar plantas y renovar las flores. Para algunas familias, estas actividades forman parte de una tradición que se mantiene durante el año y adquiere especial importancia cuando se aproxima el Día de Muertos.

Las formas de recordar son distintas, pero coinciden en el propósito de mantener presente a quienes ya no están, mediante objetos, prácticas y espacios que conservan una parte de la historia familiar.

Familias se anticipan a las visitas del Día de Muertos

La preparación de las tumbas no comienza necesariamente el 1 y 2 de noviembre. Durante las semanas previas, algunas personas acuden a los cementerios para realizar trabajos de limpieza y dejar en condiciones adecuadas las sepulturas de sus seres queridos.

Entre las labores se encuentran retirar hojas y residuos, limpiar las superficies, acomodar plantas y colocar nuevos arreglos florales. En algunos casos, estas actividades se realizan entre varios integrantes de una familia, que distribuyen las tareas para preparar el espacio.

Acudir con anticipación también permite disponer de más tiempo para arreglar las tumbas antes de los días de mayor afluencia. Sin embargo, el cuidado de las sepulturas no se limita a esta temporada: para algunas personas, regresar al cementerio es una práctica periódica que forma parte de su manera de honrar a sus familiares.

Una tradición mexicana que trasciende una fecha

El Día de Muertos es una celebración representativa de la cultura mexicana, en la que las familias recuerdan a sus difuntos mediante ofrendas, fotografías, veladoras, flores y alimentos que disfrutaban en vida.

Las costumbres varían de acuerdo con las creencias y experiencias de cada hogar. Mientras algunas personas preparan altares y colocan objetos vinculados con sus seres queridos, otras acuden a los panteones para limpiar las tumbas, llevar flores y permanecer unos momentos en el lugar donde descansan sus familiares.

En Tijuana, estas prácticas conviven con diferentes expresiones decorativas y religiosas. Las imágenes, las plantas y los objetos personales que se encuentran en las sepulturas muestran que no existe una sola manera de recordar, sino distintas formas de expresar afecto y conservar los vínculos familiares.

La celebración también representa un momento colectivo para reconocer la memoria de quienes fallecieron, aunque para muchas personas el recuerdo permanece durante el resto del año, más allá de las fechas marcadas en el calendario.

Floristas de la Zona Centro esperan mayor demanda

La tradición también tiene una expresión comercial en la Zona Centro de Tijuana, donde vendedores de flores se preparan para atender a las familias que buscan arreglos para las tumbas y los altares.

En la calle Octava y sus alrededores, entre las vialidades Juan Sarabia, Ignacio Zaragoza y Miguel Hidalgo, hay comerciantes que han dedicado buena parte de su vida a este oficio.

Fernando, de 29 años, cuenta con aproximadamente 13 años de experiencia en la venta de flores. Su acercamiento al trabajo comenzó cuando ayudaba a su padre, mientras que el negocio familiar acumula alrededor de 15 años de actividad.

María Elena, por su parte, suma aproximadamente 35 años dedicada a esta actividad. En el caso de Miguel Ángel, se cuenta con una referencia de alrededor de 45 años vinculados con su trayectoria en Tijuana, aunque es necesario precisar si ese periodo corresponde a su residencia en la ciudad o a su experiencia como comerciante.

De acuerdo con las referencias recabadas, el movimiento relacionado con el Día de Muertos comienza a sentirse desde mediados de octubre y puede extenderse hasta la primera semana de noviembre.

Durante esas semanas, las flores adquieren un significado que va más allá de la compra y la venta: acompañan las visitas a los cementerios y forman parte de los preparativos con los que las familias honran a sus seres queridos.

Así, la tradición también se refleja en el trabajo de quienes cultivan, preparan y comercializan los arreglos que llegan a los hogares, los altares y las sepulturas.

Yasmin mantiene vivo el recuerdo de su padre 11 años después de su muerte

Para algunas personas, regresar al cementerio es una práctica que se mantiene durante años y que no depende exclusivamente del Día de Muertos. Los cumpleaños, los aniversarios y otras fechas significativas también pueden convertirse en momentos para recordar a quienes fallecieron.

Este es el caso de Yasmin, quien este año recuerda el aniversario número 11 de la muerte de su padre. A lo largo del calendario, distintas fechas la llevan a regresar al panteón y a mantener presente la memoria de su familia.

Sus visitas no se limitan a la sepultura de su padre. También acude a las tumbas de sus abuelos y de un tío fallecido, por lo que cada recorrido reúne recuerdos de distintas personas que formaron parte de su vida.

Estar frente a las sepulturas puede despertar emociones diversas. Para quienes visitan periódicamente a sus familiares, llevar flores, limpiar una lápida o permanecer unos minutos en silencio representa una manera personal de recordar y reconocer la ausencia.

La experiencia de Yasmin muestra cómo el vínculo con una persona fallecida puede mantenerse a través de los años y cómo las visitas al cementerio adquieren un significado que trasciende una celebración anual.

Los trabajadores que cuidan los panteones durante todo el año

Mientras las familias acuden a recordar a sus seres queridos, trabajadores de los cementerios se encargan de las labores cotidianas de limpieza, mantenimiento y cuidado de las instalaciones.

Algunas de estas actividades incluyen retirar residuos, conservar en condiciones adecuadas las áreas comunes y atender las necesidades de los espacios donde descansan miles de personas. Se trata de una labor que continúa durante todo el año y que adquiere mayor relevancia durante las temporadas de visitas numerosas.

La perspectiva de quienes trabajan en los panteones también puede aportar una dimensión distinta al reportaje. Su experiencia permite conocer cómo transcurren las jornadas, qué cambios observan durante las fechas de mayor afluencia y cuáles son los retos cotidianos de mantener estos lugares.

Los cementerios también están rodeados de relatos y creencias relacionados con supuestos ruidos, sombras y situaciones que algunas personas consideran difíciles de explicar. No obstante, estas historias deben distinguirse de los hechos comprobados y de los testimonios directos que puedan aportar los propios trabajadores.

Incorporar la experiencia de una persona con varios años en el oficio permitiría documentar, desde su propia voz, cómo comenzó a trabajar en estos espacios, qué ha aprendido a lo largo del tiempo y qué experiencias recuerda de sus jornadas.

Más allá de las historias que rodean a los cementerios, el cuidado de sus instalaciones constituye una actividad permanente que acompaña las visitas cotidianas y las celebraciones de noviembre.

Una memoria que permanece más allá de noviembre

En los panteones de Tijuana, las flores, las imágenes religiosas, los objetos personales y las labores de limpieza reflejan distintas formas de conservar la memoria de quienes fallecieron. Para algunas familias, la preparación comienza semanas antes del Día de Muertos; para otras, el vínculo se mantiene mediante visitas durante todo el año.

A su vez, comerciantes y trabajadores forman parte de la actividad que rodea a estos espacios, desde la venta de los arreglos florales hasta el mantenimiento de las instalaciones.

Entre recuerdos familiares, tradiciones culturales y actividades cotidianas, los cementerios se convierten en lugares donde confluyen distintas historias. El Día de Muertos ofrece una ocasión para hacerlas visibles, pero la memoria de quienes ya no están permanece en las prácticas y los recuerdos que sus familias conservan más allá de una fecha específica.
Christian Zúñiga
Christian Zúñiga

Equipo editorial · BCTneus