Con la reciente apertura de la discusión impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para regular el uso de celulares, redes sociales e inteligencia artificial entre menores de edad, México se suma a una conversación que desde hace algunos años ha comenzado a extenderse por distintas partes del mundo.
Durante más de una década, el crecimiento acelerado de las redes sociales ocurrió prácticamente sin restricciones para niñas, niños y adolescentes. Sin embargo, conforme aumentó el acceso a teléfonos inteligentes y estas plataformas se volvieron parte de la vida cotidiana de millones de menores, también comenzaron a acumularse investigaciones y alertas sobre sus posibles efectos negativos.
Desde problemas como el ciberacoso, la exposición a contenidos violentos o sexuales y el contacto con desconocidos, hasta afectaciones en la salud mental relacionadas con ansiedad, depresión, trastornos del sueño, dificultades de concentración e incluso conductas adictivas asociadas con el funcionamiento de los algoritmos, cada vez más gobiernos han comenzado a preguntarse si las reglas actuales siguen siendo suficientes para proteger a los menores de edad en internet. la discusión ha ido aumentando y materializándose.
La discusión ha ido aumentando y materializándose, el primero en establecerlo oficialmente fue Francia, quien hace poco el Parlamento aprobó una ley que prohíbe el acceso a redes sociales a menores de 15 años. De entrar en vigor tras la revisión del Consejo Constitucional, el gobierno busca aplicarla desde el próximo ciclo escolar para las nuevas cuentas. Las plataformas serán las responsables de verificar la edad de sus usuarios.
Francia es el caso más reciente, pero no el único. Antes, Australia se convirtió en el primer país en aprobar una prohibición nacional para menores de 16 años, obligando además a las plataformas a verificar la edad de sus usuarios y contemplando multas para las empresas que incumplan la ley.
En Europa, la discusión también ha ido ganando fuerza. España forma parte de una coalición de 15 países que trabaja en regulaciones para reforzar la protección de niñas, niños y adolescentes en internet. Reino Unido endureció este año los controles de verificación de edad para acceder a distintos servicios digitales, mientras que Noruega anunció su intención de elevar la edad mínima para el uso de redes sociales y Dinamarca también impulsa medidas similares.
Fuera de Europa, otros países han optado por estrategias distintas. En China, por ejemplo, existen límites al tiempo que los menores pueden pasar en internet y mecanismos de identificación obligatoria para acceder a determinados servicios digitales.
Aunque las propuestas son distintas, las razones suelen ser las mismas.
Diversos estudios han relacionado el uso intensivo de redes sociales durante la infancia y la adolescencia con un mayor riesgo de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, problemas de concentración y una exposición más frecuente a contenidos relacionados con violencia, autolesiones, trastornos alimenticios o consumo de drogas.
Una de las principales preocupaciones de especialistas y autoridades es el funcionamiento de los algoritmos, diseñados para mantener la atención del usuario el mayor tiempo posible. En el caso de los menores, advierten, esa dinámica puede amplificar la exposición a contenidos cada vez más extremos o emocionalmente intensos.
Incluso, una investigación publicada en 2025 en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA), realizada con más de 6 mil 500 niños, encontró que el uso de redes sociales antes de los 13 años se asocia con un menor desempeño en áreas como memoria, lectura y lenguaje.
Sin embargo, las restricciones también han generado críticas. Organizaciones y especialistas advierten que verificar la edad podría afectar la privacidad de los usuarios y que ninguna regulación sustituye el acompañamiento de madres, padres y tutores en el uso responsable de la tecnología.
En México, la discusión apenas comienza. La presidenta Claudia Sheinbaum planteó construir una propuesta junto con especialistas, docentes y madres y padres de familia antes de presentar una iniciativa. Sin embargo, el debate llega en un momento en el que cada vez más gobiernos intentan responder la misma pregunta: cómo proteger a los menores en un entorno digital que evolucionó mucho más rápido que las leyes.
Después de años en los que el objetivo fue ampliar el acceso a internet y a las redes sociales, la conversación parece haber cambiado. Hoy, la pregunta ya no es sólo cómo conectar a los menores al mundo digital, sino qué límites deben existir para protegerlos. Y mientras más países comienzan a legislar sobre el tema, queda otra interrogante sobre la mesa: ¿los gobiernos están actuando a tiempo o están llegando demasiado tarde?