Si buscas en Instagram el nombre del presidente de Brasil, su cuenta verificada, con millones de seguidores, puede quedar enterrada entre perfiles relacionados. En cambio, al buscar a Flávio Bolsonaro, su cuenta aparece mucho más fácilmente.
Este comportamiento ha levantado sospechas de un posible shadow ban: una restricción que reduce la visibilidad de una cuenta sin necesariamente suspenderla. El usuario puede seguir publicando, pero su contenido pierde presencia en búsquedas, recomendaciones y otros espacios de descubrimiento.
Y las sospechas crecen por quién está detrás de Instagram.
Meta pertenece a Mark Zuckerberg, quien ha estrechado su relación con el gobierno de Donald Trump y apenas la semana pasada estuvo en la Casa Blanca. Zuckerberg fue uno de los principales impulsores de un acuerdo voluntario sobre inteligencia artificial que apuesta por controles internos y auditorías, en lugar de una regulación gubernamental más dura.
Lo que sí está documentado es que las relaciones entre Meta y el gobierno de Lula han sido tensas por la regulación de las plataformas, mientras Zuckerberg ha dicho públicamente que trabajaría con Trump frente a gobiernos extranjeros que, desde su perspectiva, presionan a las empresas estadounidenses.
Y del otro lado está Flávio Bolsonaro, cuyos vínculos con Washington también son comprobables.
En mayo fue recibido por Trump en el Salón Oval y después sostuvo reuniones con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. Según el propio Flávio, hablaron de crimen organizado, minerales críticos y libertad de expresión.
Trump, sin embargo, ha evitado respaldarlo públicamente durante la elección y se ha limitado a decir que sigue el proceso brasileño “muy de cerca”.
Así que por ahora hay tres hechos sobre la mesa: Lula ha enfrentado restricciones previas de Meta; Zuckerberg mantiene una relación cada vez más cercana con la Casa Blanca; y Flávio ha construido puentes directos con figuras centrales del gobierno estadounidense.
Y aquí es donde el aparente shadow ban deja de parecer solamente un problema del algoritmo. Porque Estados Unidos lleva décadas cargando con críticas por su intervención en la política latinoamericana. Antes las acusaciones hablaban de financiamiento, presiones diplomáticas, sanciones, operaciones encubiertas o apoyo a determinados gobiernos y movimientos.
Hoy la sospecha es mucho más difícil de ver: ¿qué pasa si para influir en una elección ya no necesitas sacar a un candidato de la boleta, sino simplemente sacarlo del algoritmo?
Lula llega a esta elección enfrentado políticamente con Washington y con las grandes plataformas estadounidenses, mientras Flávio Bolsonaro lleva meses construyendo puentes con el gobierno de Trump.
Por eso, que Instagram entierre a uno mientras facilita encontrar al otro inevitablemente levanta preguntas.