Lo que quedó claro este lunes de registros de la 4T en Ciudad de México es que la sucesión de Baja California no es un tema de pasillos y rumores políticos, es un tema de aspirantes que se forman en una fila, que se miden entre sí y que enseñan "el colmillo" político.
La Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, es como muchos sabemos, la antesala real de la candidatura de 2027. Por eso los mensajes de los aspirantes que desfilaron literalmente dijeron más por su tono que por la formalidad.
El caso de Armando Ayala es el de un aspirante que llegó con credencial de competidor probado. Su discurso fue el de quien presume resultados, procesos internos ganados y experiencia electoral. No buscó confrontar, sino instalar la idea de ser un político experimentado.
Mientras que el estilo de Jorge Ramos, aspirante por el Partido Verde, fue el de elegir un carril más áspero. Habló de soberanía, pero no solamente como una consigna diplomática, sino como una muestra de control del territorio frente al crimen organizado. Su frase sobre “liberar al pueblo de los criminales” colocó la seguridad en el centro. Algo de lo que el diputado local conoce.
Alfredo Álvarez fue institucional, un hombre consumado en la política que sabe medir los tiempos. Su mensaje fue breve y apostó por Claudia Sheinbaum, Baja California y el segundo piso de la transformación. No quiso diferenciarse sino alinearse, disciplinarse y brindar confianza.
El caso de Ismael Burgueño Ruiz mostró lo que ha sido su principal ventaja dentro del proceso interno: ser un hombre de estructura. El presidente municipal con licencia del municipio más poblado del país hizo un llamado a cerrar filas, reconocer a militantes y simpatizantes, y defender MORENA en cada rincón del territorio.
Montserrat Caballero entró por el PT con el discurso más filoso. Llamó a ese partido “hermano mayor” de MORENA y advirtió que habrá unidad, pero no sobre la dignidad. Su registro fue una forma de cobrar agravios y disputar jerarquías dentro de la alianza. Muy al estilo de la ex alcaldesa de Tijuana.
Julieta Ramírez apeló al obradorismo y en recorrer casa por casa, puerta por puerta, sin descanso. Su mensaje fue de juventud, servicio y lealtad al credo fundacional. Mientras que Evangelina Moreno apostó por la institucionalidad y la coordinación entre los órdenes de gobierno.
Así llegaron y los aspirantes unos con estructura, otros con experiencia, otros con ruptura con el sistema actual, otros con la doctrina que años de política les han enseñado. El registro inica la carrera por definir el futuro de Baja California en los próimos años y dependerá de MORENA y sus aliados que la democracia se imponga a la división y al pleito.