La derrota de este domingo, no necesariamente está vacía, sino que deja múltiples enseñanzas para el deporte, la sociedad e incluso la política nacional. El Mundial se jugó en casa, y aunque la eliminación tocó fibras deportivas, históricas y emocionales, el desempeño de los mexicanos en la cancha y de la afición afuera abre la reflexión sobre cómo podemos ser mejores.
El golpe es fuerte porque había una ilusión legítima. México llegó al duelo al Estadio Azteca con resultados, con el respaldo de la gente y con una narrativa poderosa de jugar en casa frente a una potencia europea.
Y aunque se perdió, sería inútil quedarse solamente con el marcador. El partido dejó una reflexión social para todo el país. En los festejos del triunfo hubo aglomeraciones y situaciones lamentables en el país, por eso el comportamiento de los mexicanos invita a reflexionar sobre cuánto nos cuidamos los unos a los otros, independientemente del resultado.
Justo ahí estuvo la responsabilidad compartida, la autoridad aplicó protocolos de seguridad, control de aforos, atención a emergencias. No obstante, depende de las personas evitar que la concentración se convierta en caos, ya que la pasión futbolera no justifica nunca la violencia ni poner a las demás personas en riesgo.
México perdió en la cancha, pero aprendió mucho de sí mismo como país. En la derrota, la madurez colectiva importó más que el desahogo, por lo que toca pensar qué tan capaces somos de reclamar lo que está mal sin dañarnos entre nosotros, y, a partir de ahí, levantarnos y seguir adelante en la búsqueda de nuevos sueños.
