Claudia Sheinbaum parece haber entendido que la negociación más importante de México con Estados Unidos no comenzará cuando los tres gobiernos se sienten formalmente a discutir el futuro del T-MEC. Para entonces, buena parte del terreno político ya tendrá que estar trabajado.
Por eso es que la conversación telefónica que sostuvo con el primer ministro canadiense Mark Carney puede leerse desde ahí.
Sin más, ese intercambio representa una pieza dentro de una estrategia que busca darle a México mayor margen frente a un Donald Trump que ha convertido los aranceles en una herramienta recurrente de presión.
La presidenta está jugando una partida complicada porque México no puede darse el lujo de confrontar gratuitamente a Washington, pero tampoco puede llegar a la mesa desde una posición de dependencia política.
En contraparte, fortalecer la relación con Canadá permite construir equilibrios sin levantar innecesariamente la voz.
Y es ahí donde aparece una de las virtudes que comienza a distinguir su política exterior, siendo la prudencia. Pero no como sinónimo de pasividad, sino como instrumento de negociación.
Sheinbaum es, y -lo más importante- sabe ser diplomática. Por ello evita el choque frontal, mantiene abiertos los canales con Estados Unidos y, al mismo tiempo, estrecha una relación con Canadá alrededor de intereses concretos, como el comercio, certidumbre económica y estabilidad regional.
Es en ese punto donde el envío de más de 400 bomberos y personal mexicano para combatir los incendios forestales canadienses adquiere otra dimensión, porque la solidaridad fue humanitaria, pero inevitablemente también genera confianza entre gobiernos, y en diplomacia esos activos cuentan.
Nada garantiza que la revisión del T-MEC sea sencilla, por lo que Trump seguirá negociando con su propio estilo y defendiendo los intereses estadounidenses.
Y precisamente por eso resulta relevante que México esté moviendo piezas desde ahora.
Sheinbaum parece comprender algo que en política exterior suele separar la improvisación de la estrategia: las negociaciones difíciles rara vez se ganan durante la reunión.
Dicen los que saben que éstas sencillamente se comienzan a ganar mucho antes de entrar al salón.