Desde el inicio de esta carrera, Ismael Burgueño y Julieta Ramírez han aparecido como los dos perfiles con mayor fuerza en la disputa por la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Baja California.
Aunque ambos han buscado mostrar músculo, las últimas semanas también han permitido observar diferencias en la manera de hacerlo.
Burgueño concentró este fin de semana a más de 10 mil personas en la Unidad Deportiva Mariano Matamoros, en la Zona Este de Tijuana, un dato políticamente relevante por el lugar donde ocurrió, pues se trata de uno de los grandes núcleos poblacionales y electorales de Baja California.
La movilización permite al alcalde con licencia proyectar capacidad territorial y reafirmar simpatías en una zona primordial para cualquier aspiración estatal, acompañando esa demostración de estructura con un discurso de identidad partidista en el que reivindicó su condición de fundador de MORENA, hablando de austeridad, combate a los privilegios, cercanía con la ciudadanía y continuidad de los principios de la Cuarta Transformación.
Julieta Ramírez, por su parte, eligió otro escenario y una narrativa distinta al encabezar ayer domingo en Mexicali una marcha en defensa de la soberanía nacional y de la continuidad de la Cuarta Transformación, colocando en el centro el respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum y aprovechando la capital del Estado para mostrar también capacidad de convocatoria.
La senadora con licencia incorporó además un elemento relevante para la propia competencia interna al insistir en la unidad, el juego limpio y la cercanía con la gente entre quienes participan en el proceso, un mensaje con el que busca mantener la disputa dentro de los márgenes institucionales del movimiento mientras fortalece un perfil construido también desde su presencia en la política nacional.
Hasta ahora, Burgueño parece haber hecho más visible su músculo territorial, particularmente en Tijuana, mientras Ramírez combina exposición nacional con movilización política en Mexicali.
Ambas, se tratan de fortalezas diferentes que todavía sería prematuro traducir en una ventaja definitiva, porque una concentración multitudinaria no equivale automáticamente a intención de voto, de la misma manera que una trayectoria nacional tampoco garantiza por sí sola el control de las estructuras locales.
Lo verdaderamente relevante es que la competencia comienza a adquirir una forma mucho más concreta, pues Burgueño y Ramírez buscan demostrar que detrás de ellos existe organización, territorio y capacidad de movilización.
La disputa se resolverá por quién logre convertir esas demostraciones de fuerza en respaldo efectivo cuando llegue el momento de medirlo.
Ahí, más que los discursos o los eventos, será el territorio el que termine poniendo a cada aspirante en su verdadera dimensión.
Y, hasta ahora, es Ismael Burgueño quien parece haber trabajado mejor esa variable, particularmente en Tijuana, donde ha logrado hacer más visibles su convocatoria..