La palabra más importante pronunciada por Ariadna Montiel rumbo a 2027 no fue elección, soberanía… ni siquiera MORENA.
La palabra fue honorabilidad. Si, una palabra sencilla de pronunciar en un discurso político, pero extraordinariamente difícil de sostener cuando comienzan las candidaturas, las alianzas, las encuestas y las negociaciones por espacios de poder.
Al advertir que MORENA garantizará que sus representantes sean “hombres y mujeres honorables”, su presidenta nacional colocó públicamente una vara que inevitablemente terminará utilizándose para medir al propio partido.
Y eso puede resultar mucho más trascendente que cualquier declaración contra sus adversarios.
Entendemos que la honorabilidad no debería acreditarse únicamente con popularidad, militancia o posibilidades de ganar una elección.
Básicamente supone revisar trayectorias, comportamientos públicos, congruencia, patrimonio, antecedentes y, especialmente, la confianza que una persona puede inspirar cuando recibe poder.
Montiel fue todavía más lejos al vincular esa selección con la soberanía nacional y respaldar el planteamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum de que quienes encabecen candidaturas tengan una definición clara “con la patria”.
Y de manera precisa, el mensaje adquiere mayor dinámica, al estar México en un momento en que enfrenta presiones externas y una relación particularmente compleja con Estados Unidos.
Las elecciones se ganan con votos, estructura y candidatos competitivos, pero la confianza ciudadana se construye con algo bastante más difícil de fabricar.
Así que si MORENA convierte realmente la honorabilidad en requisito, habrá elevado el costo político de entregar una candidatura a quien no pueda sostenerla.
Ariadna Montiel ya puso la palabra sobre la mesa, ahora hay que ver qué político es el que la sostiene.