Ismael Burgueño llegó al desenlace del proceso de MORENA con razones para sentirse competitivo.
Durante meses, el alcalde con licencia de Tijuana estuvo en la conversación pública, con varias encuestas y estudios que llegaron a colocarlo por encima en las encuestas internas de su partido.
Llegó con fuerza propia y, cuando la decisión favoreció a Julieta para ser elegida como coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Baja California, Burgueño respondió con auténtica altura de miras, un concepto que escasea bastante en las arenas políticas.
Por ello, habría que destacar que no hubo pataleo, mensajes encriptados con jiribilla ni esa vieja costumbre de proclamar unidad mientras se afila el cuchillo. Al contrario, hubo concordia.
“Primero felicitar a nuestra compañera, ya coordinadora electa, Julieta Ramírez, porque ganó la encuesta”, dijo Burgueño.
Después llamó al cierre de filas y colocó al proyecto por encima de cualquier cargo al que pudiera aspirar.
Y eso es precisamente la altura de miras, al entender que reconocer a otro no significa empequeñecerse.
Por eso, Burgueño conserva peso propio, gobierna Tijuana y permanece como uno de los actores relevantes de MORENA en Baja California.
Sin embargo, es imposible que no aparezca el contraste incómodo.
Tras haberse tomado la decisión en la CDMX, en el entorno del proceso circuló la versión de que Eva María Vásquez habría amagado con abandonar MORENA, al no ser favorecida con la decisión.
De ser cierta, la amenaza resultaría políticamente reveladora, y sería difícil conciliar un discurso de pertenencia a un proyecto colectivo con la posibilidad de abandonar ese mismo proyecto porque la encuesta no entregó el resultado esperado.
En sí, la convicción que depende de una candidatura se parece demasiado poco a una convicción. Un partido tampoco puede convertirse en traje hecho a la medida de cada aspirante: conmigo es democrático; sin mí, deja de serlo.
El politólogo italiano Norberto Bobbio explicaba la democracia a partir de reglas que establecen quién puede tomar decisiones colectivas y bajo qué procedimientos.
Así que el verdadero examen comienza precisamente cuando esas reglas producen un resultado distinto al deseado. Ahí se distinguen la disciplina de la conveniencia, la institucionalidad del berrinche y el proyecto político de la simple aspiración personal.
Julieta Ramírez obtuvo la coordinación, pero Burgueño hizo algo políticamente más inteligente que fabricar una crisis… la reconoció, cerró filas y siguió caminando.
No se hizo pequeño para que Julieta creciera, simplemente entendió que tener altura de miras significa mirar más allá del siguiente cargo.