En México podemos presumir de contar con instituciones cuya importancia suele advertirse con mayor claridad cuando el país enfrenta una emergencia, cuando un huracán golpea las costas, cuando hay vidas que rescatar o cuando la soberanía deja de ser una palabra escrita en los libros.
Y precisamente la Armada de México pertenece a ese reducido grupo de instituciones que han acompañado al Estado mexicano durante buena parte de su historia y cuya misión rebasa por mucho la imagen de buques navegando frente a las costas nacionales.
Ayer 4 de octubre, desde Veracruz, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la conmemoración del 205 aniversario de la Armada de México, una fecha que además coincide con los 202 años de la promulgación de la Constitución Federal de 1824, documento que estableció a México como una república representativa, popular y federal y dividió el poder de la Federación en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
La coincidencia histórica resulta especialmente significativa, pues mientras aquella Constitución comenzaba a darle arquitectura institucional al México independiente, la Armada había nacido apenas tres años antes, cuando el 4 de octubre de 1821 se creó la entonces Secretaría de Guerra y Marina.
Y uno de sus primeros grandes desafíos sería precisamente enfrentar la amenaza que representaba la presencia española en San Juan de Ulúa, hasta la consolidación de la independencia en el mar en 1825.
Doscientos cinco años después, su responsabilidad conserva aquella raíz, aunque sus tareas se han multiplicado.
México posee más de 11 mil kilómetros de litoral y una extensa superficie marítima que requiere vigilancia, capacidad operativa y presencia permanente, mientras la institución participa también en tareas de búsqueda y rescate, seguridad marítima y auxilio a comunidades afectadas por fenómenos naturales. La propia Secretaría de Marina mantiene entre sus responsabilidades ejercer el Poder Naval de la Federación y la Autoridad Marítima Nacional.
Ahí radica buena parte de su peso institucional, porque la Armada no existe únicamente para responder ante una amenaza exterior, sino para garantizar que el Estado mexicano tenga presencia efectiva donde termina la tierra y comienza una parte inmensa de su territorio, sus recursos y sus intereses estratégicos.
Por ello, durante la ceremonia, el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles resumió esa vocación al señalar que mientras exista un mar que proteger y un mexicano que necesite de la institución, la Armada estará presente. Sheinbaum, por su parte, encabezó el abanderamiento de 30 unidades y establecimientos navales.
Los gobiernos cambian, las coyunturas pasan y las prioridades nacionales se modifican, pero precisamente para atravesar esas transiciones existen las instituciones.
La Armada de México lleva 205 años navegando esa continuidad y ahí es donde se encuentra su mayor fortaleza, al servir no a un momento político, sino a una nación que permanece.