Que la CFE avise que habrá cortes de luz se agradece, pero que establezca un horario y la electricidad tarde mucho más en regresar ya resulta ser más que cansino, especialmente cuando llega el lunes, hay que trabajar, abrir el negocio o conectarse desde casa.
Eso es justamente lo que han padecido habitantes de distintos puntos de Tijuana durante el arranque de semana, primero con interrupciones relacionadas con trabajos previamente anunciados durante el fin de semana…y después con reportes de sectores donde las horas comenzaron a acumularse sin que hubiera claridad suficiente sobre cuándo regresaría el servicio.
En zonas de Playas de Tijuana, hay familias que desde domingo reportaron cerca de 30 horas sin electricidad, mientras también surgieron quejas desde sectores como Santa Fe, Natura, Terrazas del Valle, Jardines del Rubí, Lomas de San Antonio, La Mesa, Playas y Mariano Matamoros.
El problema es que un apagón puede parecer poca cosa hasta que ocurre en casa propia, porque entonces significa levantarse un lunes para hacer home office y descubrir que no hay internet, cuidar la batería de la computadora como si fuera agua en el desierto y comenzar a calcular cuánto tiempo queda antes de quedar completamente desconectado.
Para quien tiene un pequeño negocio significa no poder encender computadoras, terminales, refrigeradores, impresoras, máquinas o cualquier equipo necesario para arrancar una jornada que, aunque la electricidad no llegue, igualmente cuesta dinero.
La situación incluso terminó alcanzando otro servicio elemental, pues la CESPT reportó este lunes afectaciones en decenas de colonias y explicó que algunas estaban relacionadas con fallas eléctricas que impedían operar normalmente instalaciones y equipos de bombeo, de manera que para algunos tijuanenses primero se fue la luz y después comenzó a faltar el agua.
Nadie puede exigir que la CFE garantice que jamás volverá a existir una falla, porque ninguna red eléctrica funciona de esa manera, pero sí resulta razonable exigir información clara, tiempos de atención confiables y una infraestructura capaz de acompañar el crecimiento de una ciudad cuya actividad económica no puede depender de cruzar los dedos cada vez que aumenta la temperatura.
Avisar de un mantenimiento programado es correcto y permite que la gente se prepare, pero cuando pasan las horas, el servicio no regresa y tampoco existe certeza sobre el restablecimiento, el problema deja de ser solamente técnico para convertirse en económico y cotidiano, porque detrás de cada apagón hay alguien que no pudo trabajar, un negocio que no pudo abrir normalmente, comida que comienza a echarse a perder o una familia que simplemente quiere saber cuánto tiempo más tendrá que esperar.