Miércoles 15 de julio de 2026
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TINTA DE LA CASA

El “Bibi” y la movilidad en cuarta dimensión
Jorge Gutiérrez Topete, director del IMOS, y mejor conocido en los pasillos políticos como el “Bibi”, acaba de explicar que buena parte de la crisis de movilidad de Baja California se debe a que vivimos en ciudades “3D”: dispersas, distantes y desconectadas.

El diagnóstico es correcto, ni duda cabe, pero también, hay que decirlo, es de esos descubrimientos que nos llegan cuando el paciente lleva años envejeciendo dentro de un automóvil atrapado en Santa Fe o en el tráfico de Cuero de Venados.

Porque para saber que Tijuana está dispersa, distante y desconectada no hacía falta dirigir el Instituto de Movilidad Sustentable, ni estudiar en la Complutense, o tener que leer toda la bibliografía de un urbanista como el buen Paul Virilio.

Bastaba ir a la 5 y 10, hacer fila para tomar un taxi-calafia, e intentar atravesar la ciudad un viernes por la tarde, y dirigirse a uno de esos fraccionamientos que fueron construidos tan lejos de todo.

Pero el “Bibi” ha puesto nombre académico al desastre y eso, en la administración pública, parece que ya representa media solución.

La otra mitad, dice, será modernizar el transporte público, señalando que el IMOS implementará revisiones mecánicas tecnificadas para las más de 70 mil unidades que integran el sistema en Baja California y dejará de tomar la antigüedad como criterio principal para determinar si un vehículo puede seguir circulando.

El problema es que durante mucho tiempo los pasajeros han realizado sus propias revisiones mecánicas sin instrumentos especializados.

Si el camión frena sin lesionar el coxis o sacudir los órganos al pasaje, pasa. Si la puerta permanece cerrada durante la marcha, pasa. Si el humo sale por el escape y no por debajo del asiento, prácticamente merece una certificación avalada por el equivalente a una “Estrella Michelin” para transportistas.

Ahora el “Bibi” promete que las inspecciones serán técnicas, rigurosas y basadas en el desgaste real de las unidades, porque un vehículo de transporte colectivo recorre hasta diez veces más kilómetros que uno particular.

Magnífico. Sólo falta que las revisiones sirvan para algo más que llenar expedientes, colocar calcomanías y producir fotografías de funcionarios con chaleco observando motores, de unidades con su clásicos rótulos de “Lo que es” y “Murmuren” con su inseparable viborita en posición de ataque.

Así que aquí la verdadera prueba será ver cuántas unidades inseguras saldrán de circulación y cuántas continuarán trabajando bajo la “rigurosa certificación” avalada, desde luego, por la bendición de Diosito Bimbo.

A todo eso, también se anunció el recaudo electrónico, herramienta que permitiría abandonar la tarifa plana y cobrar según la distancia recorrida y el tipo de servicio.

En fin, no sería la primera vez que un gran proyecto de movilidad avanza a toda velocidad durante la etapa de presentación, con renders impecables, estaciones llenas de personas sonrientes y funcionarios señalando mapas con total seguridad,

Luego vienen los estudios, los cambios de gobierno, las adecuaciones presupuestales y el inevitable silencio.

Por lo pronto, esperemos que todo esto no termine estacionado en alguna presentación de PowerPoint o Canva, mientras el pasajero sigue subiendo a la misma unidad, pagando en efectivo y sujetándose del objeto que se pueda.

Porque el “Bibi” ya descubrió que vivimos en ciudades “3D” dispersas, distantes y desconectadas. Ahora sólo falta que el IMOS descubra la cuarta dimensión: el tiempo.

Ese que los doctos lo emplean en diagnosticar, proyectar y presentar, mientras el usuario lo pierde todos los días arriba de una calafia.


La Tacoma ya pidió su Uber rumbo a Texas
Desde hace unos días, en los pasillos de Toyota Tijuana pareciera escucharse, al menos de manera simbólica, “A donde vayas” de Los Bukis.

Y no porque ya mañana vayan a apagar las máquinas o cerrar los portones, ni mucho menos, pues, si el plan anunciado se mantiene, todavía faltan alrededor de cuatro años para que la producción de la Tacoma haga las maletas y concluya su traslado a San Antonio, Texas, en 2030.

Sin embargo, como en el circo de Franccesco cuando ya lleva varios meses en la ciudad, ya comenzó el coro de “¡Se va, se va, se va!”.

Por eso, no pasó mucho tiempo para que el Consejo Coordinador Empresarial saliera a ponerle nombre y apellido a la preocupación, y Octavio Sandoval López, presidente, calificara de incorrecto, confuso y hasta engañoso minimizar el anuncio.

Hay quienes aseguran que el argumento tiene lógica, porque cuando una armadora mueve su producción no solamente se desplaza una banda de ensamblaje, sino que detrás vienen proveedores, empresas de transporte, talleres, servicios, pequeños negocios y miles de familias cuya economía depende, directa o indirectamente, de esa actividad.

Porque como decía el buen de Abraham Lincoln: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo”. Así que aquí el verdadero debate no es si Toyota cerrará mañana, porque no lo hará y la producción seguirá algunos años más.

El punto es otro, y es muy simple… ¿Qué hará Baja California durante ese tiempo para que, cuando llegue 2030, el golpe sea mucho menor de lo que hoy se anticipa?.

Por fortuna, el propio sector empresarial ya comenzó a hablar de soluciones y no solamente de preocupaciones.

Invariablemente existe preocupación entre los trabajadores que hacen cuentas sobre su futuro, entre los proveedores que dependen de esa cadena de suministro y también entre las autoridades, que ahora tendrán la oportunidad de demostrar que Baja California sigue siendo uno de los destinos industriales más competitivos del continente.

Pero si algo ha demostrado esta región durante décadas es que el talento de su gente nunca ha sido el problema. La mano de obra bajacaliforniana es reconocida por su capacidad, productividad, especialización y facilidad para adaptarse a procesos industriales cada vez más exigentes.

Por lo pronto, la Tacoma ya pidió su Uber rumbo a Texas. Sí, todavía no llega el conductor, pero el viaje ya está confirmado, de modo que la pregunta ya no es si el vehículo abordará o no, sino si, cuando cierre esa puerta y emprenda el camino, Baja California ya tendrá listo al siguiente pasajero que ocupará su lugar.

Y entonces, quizá sí, "A donde vayas" dejará de sonar como una metáfora y terminará convirtiéndose en el soundtrack de una línea de producción que cambió de domicilio para siempre.