Viernes 21 de agosto de 2026
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TINTA DE LA CASA

Sheinbaum mueve el tablero
Claudia Sheinbaum parece haber entendido que la negociación más importante de México con Estados Unidos no comenzará cuando los tres gobiernos se sienten formalmente a discutir el futuro del T-MEC. Para entonces, buena parte del terreno político ya tendrá que estar trabajado.

Por eso es que la conversación telefónica que sostuvo con el primer ministro canadiense Mark Carney puede leerse desde ahí.

Sin más, ese intercambio representa una pieza dentro de una estrategia que busca darle a México mayor margen frente a un Donald Trump que ha convertido los aranceles en una herramienta recurrente de presión.

La presidenta está jugando una partida complicada porque México no puede darse el lujo de confrontar gratuitamente a Washington, pero tampoco puede llegar a la mesa desde una posición de dependencia política.

En contraparte, fortalecer la relación con Canadá permite construir equilibrios sin levantar innecesariamente la voz.

Y es ahí donde aparece una de las virtudes que comienza a distinguir su política exterior, siendo la prudencia. Pero no como sinónimo de pasividad, sino como instrumento de negociación.

Sheinbaum es, y -lo más importante- sabe ser diplomática. Por ello evita el choque frontal, mantiene abiertos los canales con Estados Unidos y, al mismo tiempo, estrecha una relación con Canadá alrededor de intereses concretos, como el comercio, certidumbre económica y estabilidad regional.

Es en ese punto donde el envío de más de 400 bomberos y personal mexicano para combatir los incendios forestales canadienses adquiere otra dimensión, porque la solidaridad fue humanitaria, pero inevitablemente también genera confianza entre gobiernos, y en diplomacia esos activos cuentan.

Nada garantiza que la revisión del T-MEC sea sencilla, por lo que Trump seguirá negociando con su propio estilo y defendiendo los intereses estadounidenses.

Y precisamente por eso resulta relevante que México esté moviendo piezas desde ahora.

Sheinbaum parece comprender algo que en política exterior suele separar la improvisación de la estrategia: las negociaciones difíciles rara vez se ganan durante la reunión.

Dicen los que saben que éstas sencillamente se comienzan a ganar mucho antes de entrar al salón.
Harfuch encontró la llave que México llevaba años buscando contra el narco
En seguridad pública, quizá uno de los errores más costosos de México ha sido confundir los operativos mediáticos con eficacia.

Y Omar García Harfuch ha logrado colocar la credibilidad en el centro de su gestión, un activo particularmente difícil de sostener para cualquier responsable de la seguridad en el país.

¡Pero ojo! No porque haya encontrado una fórmula milagrosa contra el crimen, sino porque su trabajo empieza a mostrar una lógica reconocible, que se basa en investigar antes de actuar, coordinar instituciones que demasiadas veces han trabajado por separado y procurar que cada operativo tenga la solidez suficiente para cimbrar las huestes del crimen organizado.

El mejor ejemplo de ello es el reciente aseguramiento de 120 kilos de pastillas de fentanilo en Mexicali, un golpe duramente asestado al grupo delictivo de “Los Rusos”, brazo operativo de “Los Mayos”.

En palabras de expertos en materia de seguridad, más allá del volumen decomisado o de la organización presuntamente vinculada al inmueble, lo significativo está en el método, destacando el la información compartida con la DEA, investigación de autoridades mexicanas y una operación conjunta de instituciones federales.

Ahí radica buena parte de la fortaleza política de Harfuch, cuyo discurso no necesita construir la ficción de que México puede combatir solo un fenómeno criminal transnacional.

Sin embargo, y con especial énfasis, Harfuch tampoco presenta al país como subordinado a Washington, y las instituciones conservan responsabilidades, atribuciones y capacidad operativa.

Pero sin duda, hay que ponderar que Harfuch ha conseguido algo particularmente difícil en un área acostumbrada al protagonismo, y es el concepto de proyectar autoridad sin hacer demasiado ruido.

Mientras otros funcionarios necesitan explicar constantemente que están trabajando, Harfuch parece apostar por una fórmula bastante más exigente, como lo es que sean los resultados los que terminen explicándolo a él.

Es justamente por eso que lo ocurrido en Mexicali es muy significativo, y nos deja una señal política y social sobre lo que puede ocurrir cuando la inteligencia, la coordinación y la capacidad del Estado dejan de ser discurso y empiezan a producir resultados.

Harfuch ha encontrado la llave y México y de eso no hay duda… la clave será mantenerse con esa misma metodología.