Viernes 28 de agosto de 2026
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TINTA DE LA CASA

Alito y el fantasma de la cárcel
Alejandro ‘Alito’ Moreno volvió a encontrarse con una pregunta que desde hace tiempo acompaña su carrera política, la posibilidad de perder el fuero y enfrentar un proceso que eventualmente pueda llevarlo ante un juez.

Cuestionado sobre si teme terminar en prisión, respondió que no tiene “nada que esconder ni ocultar”, frase con la que buscó cerrar el tema aunque difícilmente consigue borrar el peso político de esa sombra.

El contraste resulta todavía más llamativo porque Alito continúa presentándose como uno de los opositores más duros del país, mientras denuncia presuntos actos de corrupción ajenos, acusa persecución política y asegura que el PRI sigue siendo un partido “inmortal”.

Moreno llegó a la dirigencia nacional en 2019 y desde entonces el PRI ha sufrido derrotas que redujeron considerablemente su presencia territorial.

Perdió gubernaturas que durante décadas habían sido bastiones priistas, entre ellas el Estado de México e Hidalgo, mientras su representación electoral nacional quedó muy lejos de los tiempos en que podía disputar por sí mismo la Presidencia de la República.

Ahora habla de construir acuerdos y una gran coalición rumbo a 2027, mientras insiste en que al partido le irá bien y descarta cualquier riesgo de desaparición.

Nada de eso borra la contradicción central, en la que Alito puede culpar al oficialismo, denunciar abusos y envolverse en el papel de opositor perseguido, aunque el deterioro del PRI durante su presidencia sigue siendo un hecho político imposible de explicar únicamente por factores externos.

El PRI podrá ser inmortal, como presume Moreno, aunque políticamente lleva varios años perdiendo vidas.

Y muchas de ellas se le fueron mientras Alito tenía el control, pero eso jamás lo aceptará.
Burgueño convierte aprobación en ventaja rumbo a 2027
Mientras en MORENA crece la impaciencia por conocer quién encabezará la Coordinación Estatal para la Defensa de la Transformación en Baja California, y entre el ambiente de rumores, cálculos y ansiedad interna, Ismael Burgueño Ruiz llega con una posición política consolidada que la encuesta de Enkoll confirma con números.

Y lo hace no sólo por encabezar la preferencia efectiva, sino porque ese lugar viene acompañado de una evaluación favorable en varios de los terrenos que suelen terminar inclinando una candidatura.

Sí, el 33 por ciento dentro del partido dice una parte de la historia, mientras que la otra está en cómo lo percibe la gente.

Conocimiento, cercanía, honestidad, cumplimiento, opinión positiva y disposición de voto terminan dibujando un perfil que no depende de una sola fortaleza y que, por lo mismo, llega mejor armado al tramo donde las definiciones empiezan a dejar de ser rumor y comienzan a tomar forma política.

También está el 64 por ciento de aprobación por su desempeño al frente de Tijuana.

Es justo ese dato, algo que lo encumbra de manera preponderante, porque no es un reactivo cuantitativo ordinario, porque en una ciudad donde cualquier error se magnifica y cualquier acierto dura poco antes de ser sometido a otra prueba.

Gobernar Tijuana no regala popularidad, más bien la pone a prueba todos los días, y Burgueño ha logrado convertir esa exposición en una presencia que ya rebasó el ámbito municipal.

Ahí está probablemente su ventaja más seria, ya que no se trata únicamente de ser conocido, sino de llegar con una percepción favorable que se sostiene en varios frentes al mismo tiempo y que resulta mucho más difícil de fabricar con una simple campaña de posicionamiento o una cargada interna.

Por eso la medición de Enkoll importa más por lo que revela que por el lugar que ocupa Burgueño en la tabla, ya que lo muestra con una base que mezcla reconocimiento, aprobación y viabilidad electoral justo cuando Morena empieza a entrar en una etapa donde ya no bastará con levantar la mano.

Así que al finalizar este mes, y estar cada vez más cerca de conocer al ganador, Burgueño llega con números que ya pesan y con un margen político que, rumbo a 2027, comienza a colocarlo un paso adelante.

Lo que sí está claro es que cada día que pasa acorta la distancia hacia la definición y, entre rumores, encuestas y señales internas, Baja California se acerca cada vez más al momento de conocer quién terminará quedándose con la coordinación.