Martes 08 de septiembre de 2026
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TINTA DE LA CASA

Sheinbaum marca distancia con Trump
La relación con Donald Trump está obligando a Claudia Sheinbaum a caminar sobre una línea particularmente estrecha, al defender la soberanía mexicana sin convertir cada provocación del presidente estadounidense en una confrontación que termine perjudicando una relación inevitablemente estratégica.

Ayer lunes ofreció dos ejemplos distintos de esa forma de ejercer la Presidencia.

El primero ocurrió después de que Trump difundiera en Truth Social un mapa en el que México aparecía cubierto por los colores de la bandera estadounidense.

La imagen no representó una acción formal del gobierno de Estados Unidos, pero su simbolismo resultaba difícil de ignorar.

Y Sheinbaum respondió con una frase deliberadamente institucional. “En el mes de la patria reafirmamos que México no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero. Orgullosamente somos un país libre, independiente y soberano”.

Ese equilibrio resulta relevante frente a un presidente estadounidense que utiliza con frecuencia las redes sociales para introducir mensajes políticos que generan controversia más allá de sus efectos jurídicos inmediatos.

Horas después apareció un segundo asunto. Trump ordenó revisar las protecciones federales del lobo gris y del lobo mexicano, una especie que habita a ambos lados de la frontera.

Frente a ese tema, Sheinbaum cambió naturalmente el registro y pidió coordinación entre México y Estados Unidos para preservar la especie.

Las dos respuestas parecen diferentes, pero obedecen a una misma lógica.

Cuando la discusión toca territorio y soberanía, Sheinbaum marca un límite.

Y cuando existe un problema compartido que exige cooperación, mantiene abierto el diálogo.

Ahí está probablemente una de las pruebas más importantes de su relación con Trump.

La firmeza presidencial no se mide únicamente por elevar el tono, sino por saber cuándo hacerlo y cuándo resulta más útil sentarse a negociar.

Sheinbaum parece apostar por algo más difícil que la confrontación permanente, al sostener una relación funcional con Estados Unidos sin permitir que esa necesidad se confunda con subordinación.
Harfuch sin límites… alcaldes bajo la lupa y sin el blindaje político de otros tiempos
El Operativo Enjambre está dejando una imagen difícil de imaginar durante buena parte de la historia política reciente, con presidentes municipales en funciones detenidos y expuestos a investigaciones por posibles vínculos con estructuras criminales.

Años atrás, uno de los grandes problemas de la seguridad en México estuvo menos en identificar dónde operaba el crimen que en determinar hasta dónde llegaban sus relaciones con el poder.

Policías municipales, funcionarios y autoridades locales aparecieron repetidamente bajo sospecha, pero llevar una investigación hasta la oficina de un presidente municipal representaba atravesar una frontera política especialmente delicada.

Sin embargo, el Operativo Enjambre está modificando esa lógica.

Como muestra, las acciones realizadas este fin de semana en Puebla dejaron un encuadre particularmente significativo.

Isaac “N”, alcalde de Esperanza, fue detenido junto con otras personas durante un despliegue que incluyó 23 cateos simultáneos. Por separado, Said de Jesús “N”, presidente municipal de Tepeyahualco, fue aprehendido por su probable responsabilidad en delitos como abuso de autoridad y cohecho.

Lo relevante trasciende los nombres, porque la estrategia encabezada desde el ámbito federal por Omar García Harfuch está llevando la investigación hacia un territorio históricamente incómodo, donde la posible protección institucional que permite a determinadas organizaciones criminales operar desde lo local.

Y ese cambio importa porque combatir únicamente al brazo operativo de una organización puede producir detenciones espectaculares sin desmontar necesariamente las condiciones que permiten su permanencia.

Pero cuando una investigación alcanza servidores públicos, mandos policiales o presidentes municipales, el objetivo deja de ser exclusivamente perseguir delincuentes para revisar también las estructuras de poder que eventualmente pudieron protegerlos.

Ahí radica una de las fortalezas del modelo impulsado por Harfuch

Así que por lo pronto, Enjambre ya supera las 90 detenciones de funcionarios y exfuncionarios, incluidos alcaldes en funciones. Y van por más… al tiempo.