Lunes 21 de septiembre de 2026
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TINTA DE LA CASA

Mónica Vega pone números al agua que cambiará el futuro de Tijuana
Quienes vivimos en Tijuana entendemos de sobra que sólo basta que el agua falte unas horas para que colapse la ciudad.

La cubeta en el baño, los trastes esperando en la cocina, el tinaco que comienza a vaciarse, los baños del trabajo sin poder usarse y la pregunta que corre sobre cuándo volverá el servicio es lo único que importa en esos momentos.

Todo ello, dice mucho más que cualquier explicación técnica sobre lo delicado que resulta abastecer a una ciudad que no ha dejado de crecer.
 
Y es que durante años aprendimos a convivir con esa fragilidad y también con la idea de que buena parte del agua tenía que cruzar Baja California para llegar hasta nosotros.
 
Sin embargo, ahora, y por primera vez en mucho tiempo, esa dependencia comienza a tener una salida de fondo.
 
Precisamente el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el inicio de los trabajos de la desaladora Tijuana-Rosarito coloca ahí su importancia.
 
Mónica Vega Aguirre, directora de la CESPT, explicó que Tijuana recibirá mil 600 litros por segundo, Rosarito 300 y Ensenada otros 300, una aportación que permitirá dejar de depender únicamente del Río Colorado y trabajar con dos fuentes capaces de complementarse cuando el consumo aumente o las condiciones obliguen a exigirle más al sistema.
 
Mónica habla de soberanía hídrica y la expresión tiene sentido cuando se mira desde esta frontera.
 
No significa prescindir del Colorado, cuya agua seguirá siendo fundamental, sino dejar de colocar prácticamente todas las fichas en el mismo lugar, porque una región con la población, la industria y el ritmo de crecimiento de la zona costa necesitaba desde hace años ese margen.
 
El Gobierno del Estado realizará las obras complementarias y comenzará la instalación de la tubería necesaria para distribuir el agua producida por la desaladora, de manera que la coordinación con el gobierno de Sheinbaum tendrá una traducción bastante concreta en kilómetros de infraestructura y, finalmente, en agua llegando a las ciudades.
 
Nadie sensato esperaría que una desaladora resuelva fugas, tuberías envejecidas y cada problema acumulado en una red enorme.
 
Con todo ese panorama, lo verdaderamente importante es que ataca una de las vulnerabilidades más profundas del sistema y abre una alternativa donde durante demasiado tiempo existió dependencia.
 
Así que para quienes alguna vez hemos abierto la llave y esperado ese pequeño golpe de aire que anuncia que no viene agua, entender el tamaño de esta obra resulta bastante sencillo.
 
La mejor infraestructura pública suele ser justamente esa que un día consigue que dejemos de preocuparnos por ella.
Claudia Sheinbaum y Tijuana… una presidenta y una frontera que se respondieron

La visita de Claudia Sheinbaum a Tijuana durante este fin de semana terminó siendo bastante más que una concentración multitudinaria, pues la presidenta llegó a la frontera para rendir cuentas y encontró una ciudad volcada a recibirla.

Mientras a su alrededor se reunía buena parte del poder político de Baja California, fue una jornada cuya fuerza radicó en los resultados con los que pudo sostener su discurso.

Y es que a casi dos años del inicio de su gobierno, la mandataria arribó con obras en marcha, programas consolidados y decisiones que comienzan a marcar su administración en el estado.

Actualmente, son 1.1 millones de personas en Baja las forman parte de los Programas para el Bienestar, donde cientos de miles de estudiantes reciben las becas Benito Juárez y Rita Cetina, avanzando nuevas preparatorias, ampliaciones educativas y la Universidad Nacional Rosario Castellanos, al tiempo que en salud se incorporan hospitales, unidades médicas y 197 consultorios gratuitos del IMSS-Bienestar anunciados para el próximo año.

En su discurso, el agua ocupó un lugar especial con el inicio de los trabajos de la desaladora Tijuana-Rosarito, decisión de enorme calado para una zona costa que necesita nuevas fuentes de abastecimiento y que se suma al saneamiento del Río Tijuana, el Viaducto Elevado, las más de 80 mil viviendas proyectadas y el Plan de Justicia para Trabajadores Agrícolas de San Quintín.

Algunas de estos programas y obras tienen antecedentes en el sexenio anterior y otras han sido acompañadas por el gobierno de Marina del Pilar Avila Olmeda, aunque corresponde ahora a Sheinbaum darles continuidad, sumar nuevos proyectos y asumir la responsabilidad de llevar esa agenda hacia una nueva etapa.

La dimensión política de la visita también pudo advertirse alrededor de la presidenta, acompañada por Marina del Pilar, el alcalde Ismael Burgueño, presidentes municipales, legisladores locales y federales y buena parte del morenismo bajacaliforniano, incluida Julieta Ramírez Padilla, recién nombrada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.

Después de semanas de movimientos internos, el encuentro permitió ver a un movimiento nuevamente reunido alrededor de Sheinbaum, sin que la política partidista terminara desplazando el motivo central de su presencia en Tijuana, que era rendir cuentas.

Ortega y Gasset escribió que “yo soy yo y mi circunstancia”, una frase que ayuda a entender el momento de Sheinbaum, quien recibió una circunstancia política favorable en Baja California y está convirtiéndola en capacidad de gobierno, aprovechando la coordinación con Estado y los municipios para empujar proyectos cuya importancia se medirá en la vida cotidiana de la región.

Pero lo más importante, es que también supo leer el lugar donde estaba parada, porque hablar en Tijuana de soberanía, migración y trabajadores mexicanos adquiere otro peso cuando Estados Unidos comienza apenas unos kilómetros adelante y cuando buena parte de la ciudad vive diariamente esa relación fronteriza.

Por eso, su mensaje encontró ahí una conexión natural con una población que respondió a su presencia y con una región que ocupa un lugar estratégico para el país.

México tiene una presidenta que llegó con resultados y proyectos para Baja California, dejando una señal bastante clara de que la frontera norte ocupa un lugar central dentro de su proyecto de gobierno.