Lunes 05 de octubre de 2026
Lunes 05 de octubre de 2026

Menú

¡Enlace copiado!

TINTA DE LA CASA

Armada de México… 205 años de una institución que trasciende gobiernos
En México podemos presumir de contar con instituciones cuya importancia suele advertirse con mayor claridad cuando el país enfrenta una emergencia, cuando un huracán golpea las costas, cuando hay vidas que rescatar o cuando la soberanía deja de ser una palabra escrita en los libros.

Y precisamente la Armada de México pertenece a ese reducido grupo de instituciones que han acompañado al Estado mexicano durante buena parte de su historia y cuya misión rebasa por mucho la imagen de buques navegando frente a las costas nacionales.

Ayer 4 de octubre, desde Veracruz, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la conmemoración del 205 aniversario de la Armada de México, una fecha que además coincide con los 202 años de la promulgación de la Constitución Federal de 1824, documento que estableció a México como una república representativa, popular y federal y dividió el poder de la Federación en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

La coincidencia histórica resulta especialmente significativa, pues mientras aquella Constitución comenzaba a darle arquitectura institucional al México independiente, la Armada había nacido apenas tres años antes, cuando el 4 de octubre de 1821 se creó la entonces Secretaría de Guerra y Marina.

Y uno de sus primeros grandes desafíos sería precisamente enfrentar la amenaza que representaba la presencia española en San Juan de Ulúa, hasta la consolidación de la independencia en el mar en 1825.

Doscientos cinco años después, su responsabilidad conserva aquella raíz, aunque sus tareas se han multiplicado.

México posee más de 11 mil kilómetros de litoral y una extensa superficie marítima que requiere vigilancia, capacidad operativa y presencia permanente, mientras la institución participa también en tareas de búsqueda y rescate, seguridad marítima y auxilio a comunidades afectadas por fenómenos naturales. La propia Secretaría de Marina mantiene entre sus responsabilidades ejercer el Poder Naval de la Federación y la Autoridad Marítima Nacional.

Ahí radica buena parte de su peso institucional, porque la Armada no existe únicamente para responder ante una amenaza exterior, sino para garantizar que el Estado mexicano tenga presencia efectiva donde termina la tierra y comienza una parte inmensa de su territorio, sus recursos y sus intereses estratégicos.

Por ello, durante la ceremonia, el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles resumió esa vocación al señalar que mientras exista un mar que proteger y un mexicano que necesite de la institución, la Armada estará presente. Sheinbaum, por su parte, encabezó el abanderamiento de 30 unidades y establecimientos navales.

Los gobiernos cambian, las coyunturas pasan y las prioridades nacionales se modifican, pero precisamente para atravesar esas transiciones existen las instituciones.

La Armada de México lleva 205 años navegando esa continuidad y ahí es donde se encuentra su mayor fortaleza, al servir no a un momento político, sino a una nación que permanece.
Ismael Burgueño, encabezando liderazgo, acuerdos y una nueva ruta para Tijuana
Bien dice aquel viejo refrán que “si quieres llegar rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, camina acompañado”, una idea sencilla que cobra otro significado cuando se habla de gobernar Tijuana, una ciudad enorme, inquieta, fronteriza y en permanente crecimiento, donde ningún alcalde, por más voluntad que tenga, puede resolver en solitario los rezagos acumulados durante décadas ni enfrentar los nuevos desafíos que aparecen todos los días.

Ismael Burgueño parece haber comprendido esa realidad y buena parte de lo presentado en su Segundo Informe de Gobierno permite identificar una forma de ejercer el poder municipal basada en sumar antes que dividir, construir acuerdos y aprovechar la coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum, la gobernadora Marina del Pilar, el Cabildo y los diferentes sectores de la sociedad para empujar proyectos que comienzan a modificar distintos espacios de la ciudad.

Por lo pronto, las 86 obras de infraestructura social con una inversión superior a 323 millones de pesos, la instalación de más de 20 mil 500 luminarias LED en las nueve delegaciones, los 42 Senderos Seguros y el fortalecimiento de los servicios públicos forman parte de una estrategia que busca atender una Tijuana que durante años creció mucho más rápido que su capacidad para dotarla de infraestructura.

A esa ruta se agrega Tijuana: Ciudad Limpia, las Jornadas del Pueblo, que de acuerdo con lo informado por el Ayuntamiento han atendido a más de 175 mil personas, así como Tijuana Saludable, los créditos para emprendedores y una agenda fronteriza que ha obligado al gobierno municipal a sentarse incluso con autoridades estadounidenses para buscar alternativas a uno de los dolores cotidianos de esta ciudad, como lo es la movilidad alrededor de las garitas.

La administración de Burgueño sabe que aún tiene por delante retos enormes, por lo que sería prematuro presentar la transformación de Tijuana como una misión cumplida.

Seguridad, tráfico, pavimentación, servicios y crecimiento urbano seguirán poniendo a prueba al Ayuntamiento, pero precisamente por eso adquiere relevancia haber entendido que gobernar esta frontera requiere menos protagonismos individuales y mucha más capacidad para construir coincidencias.

Henry Ford dejó una frase que resume bien esa filosofía: “Reunirse es un comienzo; permanecer juntos es progreso; trabajar juntos es éxito”.

Eso es quizá lo más interesante de la apuesta política de Ismael Burgueño: comprender que la unidad no sirve únicamente para llenar fotografías ni para pronunciarla desde un templete, sino para convertirla en una herramienta de gobierno.

Ismael Burgueño parece haber entendido una peculiaridad de esta frontera, porque a Tijuana nadie la transforma desde un escritorio ni mucho menos en solitario.

Aquí gobernar implica ensuciarse los zapatos, tocar puertas, sentar en la misma mesa a quienes no siempre piensan igual y conseguir que las diferencias no terminen frenando la ciudad.

Y si algo deja su Segundo Informe más allá de las cifras, es precisamente esa forma de ejercer el gobierno, con la misión primordial de buscar que las piezas embonen a la perfección