Arabia Saudita lleva años pagando para convertirse en una capital del deporte y el entretenimiento. Grandes peleas, carreras y espectáculos forman parte de una estrategia que sus críticos llaman sportswashing: utilizar el prestigio deportivo para mejorar la imagen del reino y desviar la atención de sus problemas de derechos humanos. Pero las alertas de seguridad están exponiendo los límites de esa apuesta. El dinero puede garantizar estrellas y transmisiones; la tranquilidad de quienes asisten depende de otras condiciones.
Las tensiones aumentaron durante la segunda mitad de 2026, cuando los hutíes y las fuerzas del gobierno de Yemen, respaldadas por Arabia Saudita, intensificaron su disputa por territorios cercanos al mar Rojo. El reino reforzó sus operaciones militares y los hutíes respondieron con ataques contra aeropuertos y otras instalaciones sauditas. La escalada golpea una condición básica para cualquier sede internacional: poder llegar, permanecer y salir con seguridad. Sin esa certeza, organizar un espectáculo se vuelve un problema que rebasa lo deportivo.
El calendario ya refleja ese deterioro. La Fórmula 1 suspendió desde abril su carrera saudita por el conflicto regional; después se canceló el Mundial de Ciclismo Urbano y se aplazaron el Six Kings Slam de tenis, el Saudi International de golf y las finales de videojuegos de la FIFA. Cada cambio afecta viajes, contratos y preparativos. Para un país que busca reconocimiento como anfitrión, las cancelaciones también tienen un costo de imagen: hacen visible la incertidumbre que sus grandes espectáculos pretenden dejar fuera de cámara.
El Canelo mantuvo su pelea del 31 de octubre, aunque la transmisión mostró un recinto lejos de llenarse, sin cifras públicas que permitan medir la asistencia. WWE conserva Crown Jewel para el 7 de noviembre, pero trasladó el evento a una arena más pequeña y cerrada. Los reportes apuntan a facilitar los controles de seguridad; la posible baja venta de boletos sigue siendo una explicación sin confirmar. Mantener ambos eventos permite proyectar continuidad, pero celebrar una función tampoco demuestra que el entorno haya recuperado la normalidad.
Mientras tanto, el gobierno de Donald Trump ordenó desde el 23 de octubre la salida del personal no esencial y sus familiares; los empleados estadounidenses que permanecen necesitan autorización especial para usar los aeropuertos. México también recomendó evitar viajes no necesarios. Esa distancia entre la promoción deportiva y las advertencias de seguridad resume el problema saudita. El reino ha invertido para presentarse como un destino moderno y atractivo, pero esa imagen pierde fuerza cuando los gobiernos aconsejan no viajar. La confianza que necesita su proyecto deportivo exige condiciones que ninguna campaña puede sustituir.