El presidente Donald Trump ha insinuado ya tantas veces su intención de buscar un tercer mandato que la idea ha dejado de parecer una simple ocurrencia. Lo ha hecho en mítines, frente a legisladores republicanos, en entrevistas, en actos públicos e incluso durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. A veces entre risas. Otras asegurando que "no bromea". Pero siempre dejando sobre la mesa la posibilidad de volver a competir por la presidencia, pese a que la Constitución de Estados Unidos se lo prohíbe.
Lo ha repetido con tanta frecuencia durante los últimos años que resulta difícil verlo únicamente como un chascarrillo. Incluso algunos de sus aliados ya han planteado públicamente distintas vías para intentar abrirle la puerta a un tercer mandato, aunque especialistas en derecho constitucional sostienen que, bajo las reglas actuales, esa posibilidad no tiene sustento legal.
La principal barrera está en la propia Constitución de Estados Unidos. La Enmienda 22, ratificada en 1951, establece que ninguna persona puede ser elegida presidente más de dos veces. Eso significa que no importa si los mandatos fueron consecutivos o, como en el caso de Trump, separados por cuatro años; el límite sigue siendo el mismo.
Pero para reformar la Constitución se necesita el voto de dos terceras partes de la Cámara de Representantes y del Senado, además de la aprobación de tres cuartas partes de las legislaturas estatales. Aunque el Partido Republicano controla ambas cámaras del Congreso, no cuenta con esas mayorías.
Pese a ello, el tema ha seguido avanzando. Después de que Trump iniciara su segundo mandato, el congresista republicano Andy Ogles presentó una propuesta para modificar la Constitución y permitir que un presidente pudiera ser elegido por tercera ocasión bajo determinadas condiciones. Por otro lado, el exestratega Steve Bannon ha insistido en que existen posibles interpretaciones legales para que Trump vuelva a competir en 2028, entre ellas una eventual candidatura a la vicepresidencia. Sin embargo, constitucionalistas consideran que la Enmienda 12 también impediría ese escenario.
Hasta aquí podría parecer una discusión exclusivamente estadounidense. Sin embargo, la reelección presidencial está lejos de ser una excepción en el mundo.
Mientras algunos países, como México, prohíben que un presidente vuelva a ocupar el cargo, otros permiten uno o más mandatos adicionales bajo distintas reglas. También existen países que en los últimos años han reformado sus constituciones para ampliar o eliminar los límites a la permanencia en el poder.
El caso más reciente es El Salvador. En julio de este año, la Asamblea Legislativa aprobó una reforma constitucional que eliminó las restricciones a la reelección presidencial, extendió el periodo de gobierno de cinco a seis años y suprimió la segunda vuelta electoral. La decisión abrió un nuevo debate internacional sobre los límites al poder presidencial y el impacto que este tipo de cambios puede tener en los sistemas democráticos.
Las reglas tampoco son iguales en todos los sistemas políticos. Hay países donde la reelección está limitada a un número determinado de periodos, otros donde puede buscarse de forma indefinida y algunos más donde las restricciones han cambiado con el paso de los años mediante reformas constitucionales o decisiones judiciales.