Canadá está estrechando sus vínculos con la Unión Europea en medio de una relación cada vez más tensa con Estados Unidos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso que el país norteamericano se convierta en el primer “miembro asociado” del bloque, una figura que todavía no existe dentro de la estructura comunitaria.
La propuesta fue presentada durante el discurso anual sobre el Estado de la Unión Europea y plantea ampliar la relación que Canadá y el bloque ya mantienen a través del acuerdo de libre comercio CETA. La intención es construir una asociación mucho más amplia en áreas estratégicas como defensa, inteligencia artificial, minerales críticos, energía, tecnología, ciberseguridad, espacio, baterías y seguridad económica.
Von der Leyen planteó la iniciativa como una forma de construir un “espacio común de prosperidad y seguridad económica” y destacó los valores democráticos que comparten ambas partes. Mark Carney, primer ministro de Canadá, fue recibido con una ovación en el Parlamento Europeo y respondió que Europa y Canadá son fuertes por separado, pero todavía más fuertes juntos.
La cercanía tiene una lógica económica y estratégica. La Unión Europea aporta un mercado de gran tamaño, capacidad industrial y tecnológica, mientras Canadá cuenta con importantes recursos energéticos y minerales críticos, además de capacidades en inteligencia artificial, espacio y una posición geográfica que conecta los océanos Atlántico y Pacífico.
Una relación más profunda permitiría a ambos ampliar sus opciones en sectores que se han vuelto cada vez más importantes en la competencia económica y tecnológica entre Estados Unidos y China. Para Canadá, también representa una manera de reducir su dependencia de su principal socio comercial y aumentar su margen de negociación internacional.
El acercamiento ocurre después de meses de presiones de Donald Trump sobre Ottawa. Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente estadounidense ha planteado que Canadá debería convertirse en el estado 51 de Estados Unidos y ha utilizado los aranceles como una de sus principales herramientas de presión comercial.
Trump reaccionó a la propuesta europea con una nueva amenaza. Dijo que, si considera que convertir a Canadá en miembro asociado constituye un “acto hostil” contra Estados Unidos, podría imponer aranceles muy elevados a la Unión Europea o reducir el comercio con el bloque en distintos sectores.
La Comisión Europea rechazó esa interpretación y sostuvo que el fortalecimiento de su relación con Canadá no está dirigido contra Estados Unidos ni contra ningún otro país. La propuesta, según el bloque, busca aumentar su capacidad conjunta.
Carney también respondió a las presiones estadounidenses y afirmó que Canadá decidirá por sí mismo con quién establece acuerdos internacionales. “Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos celebrar acuerdos a nivel internacional”, declaró ante periodistas en el Parlamento Europeo.
El proyecto todavía está lejos de convertirse en una relación formal. La categoría de “miembro asociado” sería nueva para la Unión Europea, por lo que todavía no está definido con precisión qué derechos, obligaciones o nivel de integración tendría Canadá.
Tampoco se sabe cuánto va a tardar el proceso. La propuesta necesita avanzar dentro de la Unión Europea y contar con la aprobación de sus Estados miembros antes de convertirse en un acuerdo concreto.
El movimiento canadiense también contrasta con la estrategia que ha seguido la Unión Europea frente a Washington. Mientras Ottawa ha respondido a los aranceles estadounidenses y ha rechazado condiciones que Carney considera contrarias a su soberanía, Bruselas alcanzó un acuerdo comercial con Trump que estableció un arancel estadounidense máximo del 15 por ciento para la mayoría de sus exportaciones y eliminó los aranceles europeos sobre los bienes industriales estadounidenses.
Carney ya había planteado en Davos, a principios de este año, que las llamadas potencias medias necesitan aumentar su capacidad de negociación mediante una mayor cooperación. Su argumento es que negociar individualmente con una potencia mucho más grande reduce el margen para establecer condiciones propias.