El alcalde de la localidad, Jean-Christophe Angelini, denunció públicamente la agresión calificándola como un «acto despreciable» y exigió una respuesta «firme y rápida» por parte de las autoridades. La efigie, instalada durante su primer mandato a petición del párroco local, representaba un símbolo de fuerte arraigo para la comunidad.
Tras los daños causados a la imagen, la parroquia local interpuso una denuncia formal y convocó a la ciudadanía a una concentración pacífica en el lugar del incidente. Por su parte, la Fiscalía de Ajaccio abrió una carpeta de investigación para determinar las responsabilidades penales del caso.
El material audiovisual publicado por los propios implicados en plataformas digitales fue determinante para que las fuerzas de seguridad identificaran y arrestaran a los sospechosos en poco tiempo. El alcalde Angelini confirmó que la estatua será repuesta a la brevedad en apego a las tradiciones e identidad de Porto-Vecchio.