La apuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por la infraestructura carretera refleja su postura de usar el dinero público para conectar al país, y sobre todo a los mexicanos.
Detrás de los 315 mil 331 millones de pesos anunciados, se hay un discurso claro que sabe que la obra pública es legitimidad, y buenas noticias para los ciudadanos.
La presidenta gobierna construyendo carreteras, puentes y repavimentaciones que, además de ser soluciones al problema de la movilidad, representan la voluntad del gobierno de estar presente donde se necesita.
En un país marcado por décadas por la desigualdad, la conectividad se plantea como un acto de justicia, así como una manera de integrar regiones que habían estado rezagadas.
Hay tres valores que atraviesan esta estrategia. Primero, el bienestar social, entendido como mejorar las condiciones de vida de la gente. Segundo, la soberanía territorial, en la que el gobierno no abandona los espacios públicos. Y tercero, el desarrollo económico con enfoque social, generando empleo y mejorando la dinámica económica.
La presidenta ofreció cifras concretas para rendir cuentas, mostrar resultados y demostrar que la administración está actuando para atender un asunto vital para la vida nacional. De esta forma, la infraestructura deja de ser obra y se convierte un tema prioritario en la agenda pública que se materializa en el ojo ciudadano.
