Durante veinte años, las familias de Valle Dorado tuvieron que vivir sin una red de alcantarillado sanitario.
Para quienes observan una obra pública desde fuera, puede parecer un dato más, pero para quienes viven ahí, significa haber pasado dos décadas resolviendo como podían una necesidad que debió atenderse mucho antes.
Ahora esa historia empieza a cambiar con la construcción de la red que impulsa la CESPT y que beneficiará a cerca de 800 familias, más de 3 mil personas, con mejores condiciones sanitarias y mayor tranquilidad dentro de sus hogares.
La gobernadora Marina del Pilar Avila Olmeda y la directora de la CESPT, Mónica Vega, supervisaron los trabajos junto con habitantes de la zona, en una visita donde el valor real de la obra estaba justamente en escuchar a quienes llevaban años esperando que alguien volteara hacia esta colonia y resolviera un problema que formaba parte de su vida diaria.
No hay manera de maquillar el dato, pero también sería injusto ignorar que hoy existe una respuesta concreta y que esa respuesta tendrá consecuencias muy reales para cientos de familias.
Ahí es donde el trabajo de Mónica Vega al frente de la CESPT comienza a adquirir sentido más allá de los discursos institucionales.
Una dependencia de agua y saneamiento se mide, al final, por su capacidad de llegar a las colonias donde todavía existen rezagos y convertir presupuestos, proyectos y tuberías en algo tan sencillo como abrir una puerta y saber que en casa ya existe un servicio digno.
Para las familias de Valle Dorado esto no se reduce a una obra terminada ni a una cifra dentro de un informe, simple y sencillamente significa dejar atrás una carencia con la que aprendieron a vivir durante demasiado tiempo y recuperar algo tan básico como la certeza de que su colonia también está siendo atendida.