Con Harfuch hasta el Verde se pone guinda
Decía Juanga que “lo que se ve no se pregunta”, y Manuel Velasco de Colucci simplemente le puso palabras a lo que comienza a verse en la política mexicana.
Y es que en su sentir, Omar García Harfuch pasó de ser “Batman” al “Pedro Infante de la política”.
Pero la puntada tiene más fondo que chiste porque, además de hablar de la popularidad del secretario de Seguridad (casi oficialmente novio de México), puso sobre la mesa algo bastante más interesante, al dejar en claro que hay personajes capaces de trascender las siglas.
Sin más, Velasco prácticamente destapó a Harfuch rumbo a la Presidencia en 2030, al colocarlo como uno de los perfiles más competitivos de MORENA y dejar abierta la posibilidad de que el Verde lo acompañe llegado el momento.
El senador sostuvo que los candidatos terminan pesando más que los partidos y utilizó como argumento los resultados en seguridad, incluida una reducción de 52% en homicidios dolosos que atribuyó a la actual estrategia.
En pocas palabras, eso es realpolitik sin necesidad de chutarse Maquiavelo para dummies, al reconocer el peso de un personaje incluso cuando las siglas de su camisa son otras.
Octavio Paz escribió que “el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva”, y curiosamente Harfuch parece construido sobre esa máxima, al ser un funcionario que habla poco, -aunque derrita y provoque suspiros- y administra cada aparición.
Y mientras otros políticos necesitan conferencias, pleitos y declaraciones, Harfuch ha convertido la sobriedad en parte del personaje.
Así que Velasco entendió esa dimensión, por lo que primero Batman y ahora Pedro Infante; uno combatía villanos y el otro provocaba suspiros, pero ambos terminaron siendo mucho más grandes que el papel que originalmente les tocó interpretar.
Juanga tenía razón… algunas cosas ni se preguntan.
El “Yellow Envelope” quiere curul
Dicen que el que persevera alcanza, aunque algunos primero alcancen el sobre y después quieran alcanzar la curul.
Y es que don Pío López Obrador, hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador, y protagonista involuntario de aquellos videos recibiendo algunas aportaciones, decidió que llegó la hora de volver al ruedo, poner el alma en el ruedo, y ser un buen torero, como decía Chayanne.
Por ello, el tocayo de Pío IX solicitó su registro en Morena por el Distrito 9 de Chiapas, con cabecera en Tuxtla Gutiérrez, en la ruta hacia una diputación federal en 2027.
Pío asegura que lo mueve un “compromiso moral” con Chiapas, donde dice haber vivido durante 60 años, y promete someterse a la voluntad ciudadana y al método interno de Morena. Incluso desempolvó aquella máxima obradorista de que “el pueblo pone y el pueblo quita”.
La memoria, sin embargo, también vota. Y hay muchos que no olvidan que en 2020 aparecieron los famosos videos con David León; y aunque el episodio fue investigado durante años, el INE terminó sin acreditar que esos recursos hubieran beneficiado electoralmente a MORENA.
Pese a todo, Pío quiere regresar al mismo distrito donde hizo campaña en 2009 y recordar viejas glorias, porque parece que la nostalgia le ha hecho saber que en vez de cocol… ¡quiere su curul!
Gavino se lo trompea
Donald Trump volvió a comprobar que entre un micrófono y su boca existe una relación harta peligrosa.
Sabrá Dios qué estaba pensando el Orange POTUS cuando, en pleno discurso sobre la guerra con Irán, decidió meter a Los Ángeles y San Diego en una hipotética destrucción.
La ocurrencia cayó como patada de mula y el buen Gavin Newsom, gobernador de California, se la cantó sin demasiada vaselina diplomática, recordándole que después de mandar Guardia Nacional y Marines a California resultaba bastante peculiar escuchar al comandante en jefe hablando de enemigos extranjeros atacando dos ciudades de su propio país.
“Desquiciado y peligroso”, lo llamó Newsom, mientras los alcaldes de Los Ángeles y San Diego también salían a cobrarle la gracia.
La Casa Blanca aseguró después que las palabras habían sido tergiversadas, pero para entonces regresar aquello al micrófono era tan sencillo como volver a meter la pasta dental al tubo.
La escena tuvo mucho de Homero Simpson frente al tablero de la planta nuclear, con demasiados botones, poder y medio mundo preguntándose quién demonios dejó aquello al alcance de la mano de Trump.
El monarca naranja podría explicar su metida de pata hasta el cansancio, pero nos dejó una realidad más que clara, resultando ser más bocazas que el mismísimo Comandante Pierroth ….y Gavin prácticamente le aplicó la de Dr. Wagner con la de “aquí y con mi gente, ¡se me respetaaaaa!”, porque como dicen por ahí… con California no se juega.